La crisis de la histórica línea y de los servicios 333, 407 y 437 dejó a miles de vecinos con serias dificultades para trasladarse dentro de San Isidro. Mientras el Municipio presentó nuevos recorridos como respuesta al conflicto, organizaciones de Boulogne aseguran que numerosos sectores continuaron aislados. Sabrina Amarilla, referente de la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne, reconstruyó el reclamo que llegó hasta el Ministerio de Transporte bonaerense.
Durante meses, mientras miles de vecinos del oeste sufrían las consecuencias de haber perdido conexiones esenciales, fueron las propias organizaciones barriales las que asumieron un trabajo que, según cuestionan, no encontró acompañamiento en el Municipio de San Isidro. Vecinos de Boulogne se organizaron, juntaron firmas, recorrieron los barrios, relevaron las necesidades de cada zona y buscaron reuniones con distintas autoridades para intentar reconstruir la conectividad perdida.
Ese trabajo implicó dedicar horas que salieron de sus familias, sus empleos y sus actividades cotidianas. No se trató solamente de reclamar: tuvieron que identificar qué escuelas, hospitales, centros terapéuticos y barrios habían quedado desconectados y comenzar a construir alternativas para llevarlas ante quienes podían tomar decisiones.
El cuestionamiento de Sabrina Amarilla a la gestión de Ramón Lanús es concreto. “Primero intentamos reunirnos con la Municipalidad de San Isidro, pero no quisieron recibirnos ni nos dieron una respuesta concreta”, afirmó la referente de la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne. Y agregó: “La Municipalidad de San Isidro no acompañó nuestro reclamo desde el comienzo”.
Ante esa falta de respuesta que describen las organizaciones, el reclamo salió del ámbito municipal y llegó hasta la Provincia. Fueron los propios vecinos quienes consiguieron abrir canales de diálogo y llevar al Ministerio de Transporte bonaerense el relevamiento realizado en el territorio. Así, una problemática que afectaba directamente la movilidad dentro de San Isidro terminó encontrando en la organización vecinal uno de sus principales motores para la búsqueda de una solución.
La crisis del transporte público que atravesó San Isidro durante 2026 dejó una historia que va más allá de la caída de una empresa de colectivos. Detrás de la interrupción de la 707 y de las líneas 333, 407 y 437 hubo vecinos que perdieron conexiones esenciales, familias que debieron reorganizar completamente sus traslados y organizaciones del oeste del distrito que comenzaron a movilizarse para recuperar recorridos que consideraban indispensables.
La situación tuvo especial impacto en Boulogne y otros barrios del oeste. La importancia de aquellos servicios estaba dada por una característica particular de la movilidad sanisidrense: permitían conectar internamente sectores del distrito y acceder desde el oeste a Villa Adelina, Martínez, Acassuso, San Isidro y Beccar, además de centros comerciales, hospitales, escuelas y otros puntos de importancia.
El conflicto terminó de estallar el 20 de abril, cuando dejaron de funcionar los servicios operados por Micro Ómnibus General San Martín (MOGSM), empresa que atravesaba una profunda crisis económica y administrativa. La 707 tenía además una particularidad: era la única línea comunal de San Isidro.
Pero los problemas venían de antes.
Según explicó a Redacción Norte Sabrina Amarilla, referente comunitaria de la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne, durante 2025 ya se habían producido modificaciones en ramales de la 707. Fue entonces cuando distintas organizaciones comenzaron a advertir que cualquier reorganización del transporte debía contemplar no solamente la cantidad de pasajeros, sino también la función social que cumplían esos recorridos.
Familias Red TEA San Isidro y la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne comenzaron a trabajar sobre el problema y posteriormente se incorporó la Asociación Civil Comunidad en Positivo. La preocupación estaba puesta particularmente en las personas con discapacidad, adultos mayores y pacientes que necesitaban utilizar el transporte público para sostener tratamientos médicos.
El impacto en el oeste
Cuando las líneas dejaron de circular, el impacto se sintió rápidamente en los barrios del oeste. Amarilla explicó que “los más perjudicados fueron adultos mayores, personas con discapacidad, familias con niños, estudiantes y trabajadores”.
La referente hizo especial hincapié en las dificultades que atravesaron las familias con chicos con TEA. “Modificar recorridos y sumar trasbordos también significa alterar rutinas que para muchos chicos con autismo son fundamentales”, señaló Amarilla al describir las consecuencias que tuvo la interrupción del servicio.
Frente a ese escenario, las organizaciones decidieron llevar el reclamo a la calle. “Desde Familias Red TEA San Isidro, junto con la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne comenzamos a visibilizar el problema, reunir firmas, presentar los reclamos y buscar reuniones con las autoridades”, relató Amarilla.
Y aclaró que el planteo iba mucho más allá de recuperar una línea determinada: “El objetivo no era solamente pedir que volviera un número de línea: queríamos recuperar las conexiones que habían perdido los barrios y que se contemplaran escuelas, centros de salud, terapias y otros puntos esenciales”.
“El Municipio no quiso recibirnos”
Es en este punto donde aparece el cuestionamiento más directo de Amarilla a la gestión municipal de Ramón Lanús.
Según su relato, las organizaciones intentaron inicialmente canalizar el reclamo ante la Municipalidad de San Isidro, pero no consiguieron una respuesta.
“Primero intentamos reunirnos con la Municipalidad de San Isidro, pero no quisieron recibirnos ni nos dieron una respuesta concreta”.
Ante esa situación, señaló, se contactaron con Sibila Botti, directora provincial de Políticas de Género y Estrategias Inclusivas. A partir de allí, Familias Red TEA San Isidro y la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne consiguieron llegar al Ministerio de Transporte bonaerense y fueron recibidas por el equipo del ministro Martín Marinucci.
Allí se conformó una mesa de diálogo en la que las organizaciones pudieron presentar las necesidades que habían relevado directamente en los barrios.
La versión de Amarilla respecto de la actitud municipal es categórica:
“La Municipalidad de San Isidro no acompañó nuestro reclamo desde el comienzo. La iniciativa fue impulsada principalmente por Familias Red TEA San Isidro y la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne”.
La respuesta oficial
Frente a la caída de los servicios, el Municipio impulsó un esquema alternativo que derivó en nuevos recorridos de las líneas 228, 314, 338 y 343, destinados a reemplazar parcialmente las conexiones que habían quedado sin servicio.
En paralelo, el Ministerio de Transporte bonaerense alcanzó un acuerdo con la UTA y empresas del sector para avanzar en la recuperación de los recorridos afectados y preservar alrededor de 400 puestos de trabajo.
Sin embargo, para los vecinos del oeste la implementación de esas alternativas no significó la recuperación completa de la conectividad perdida, y los reclamos continuaron.
Una solución que no llegó igual a todos
La puesta en marcha de los nuevos recorridos, sin embargo, no cerró el conflicto para una parte de los vecinos del oeste.
Durante agosto volvieron a hacerse públicos reclamos de organizaciones sociales y vinculadas a la discapacidad. Los cuestionamientos apuntaron especialmente a las dificultades que persistían en sectores de Boulogne, Villa Adelina, Villa Jardín, Magnolia y Villa Hidalgo para acceder mediante transporte público a escuelas y centros de salud.
El relato de Amarilla coincide con esos cuestionamientos.
“En la práctica, esas modificaciones no resolvieron el problema para nuestro barrio. Bajo Boulogne quedó muy afectado y con sectores prácticamente aislados”.
Las organizaciones aseguran haber recibido casos de familias obligadas a caminar varias cuadras o realizar distintas combinaciones para llegar a terapias, escuelas especiales y establecimientos sanitarios. Amarilla menciona especialmente a personas con discapacidad, adultos mayores, vecinos con movilidad reducida y pacientes que realizan tratamientos oncológicos o de VIH.
Ese es precisamente uno de los puntos que expone la distancia entre tener un colectivo circulando por un barrio y recuperar efectivamente la conectividad perdida.
Los vecinos salieron a diseñar su propio mapa de necesidades
Ante las dificultades que continuaban, Familias Red TEA San Isidro y la Asociación Civil Vecinos del Bajo Boulogne formaron un equipo de trabajo y recorrieron el barrio.
Juntaron firmas, hablaron con los usuarios y preguntaron cuáles eran los destinos que habían dejado de ser accesibles y por qué calles necesitaban que circularan los nuevos servicios. Ese relevamiento fue posteriormente llevado a la mesa de trabajo con las autoridades provinciales.
Y para Amarilla el criterio es sencillo:
“Recuperar la conectividad no significa solamente que pase algún colectivo por la zona: significa que los vecinos puedan llegar de manera razonable a hospitales, escuelas, terapias, estaciones y demás lugares esenciales, sin tener que realizar múltiples combinaciones”.
Una solución que todavía se construye desde los barrios
El trabajo de las organizaciones continúa. Amarilla explicó que el nuevo recorrido permitirá recuperar conexiones importantes, aunque aclaró que “no significa que se haya reproducido exactamente el esquema que existía de la empresa Micro Ómnibus General San Martín”.
La preocupación sigue concentrada especialmente en los sectores que más sufrieron la pérdida de los antiguos recorridos. “Seguimos poniendo especialmente la mirada en Bajo Boulogne, Santa Ana, Villa Jardín, BASI y los sectores más alejados del oeste, porque nuestra prioridad es que ninguna familia vuelva a quedar aislada”, afirmó.
Para Amarilla, además, la discusión no puede limitarse a determinar si existe o no un colectivo circulando por determinada zona. “Para nosotros recuperar la conectividad no significa solamente que pase algún colectivo por la zona: significa que los vecinos puedan llegar de manera razonable a hospitales, escuelas, terapias, estaciones y demás lugares esenciales, sin tener que realizar múltiples combinaciones”, remarcó.
Ese fue también el criterio con el que las organizaciones salieron a recorrer los barrios. “Armamos un equipo de trabajo y salimos al barrio a juntar firmas y, principalmente, a escuchar a los vecinos”, relató Amarilla. El objetivo fue conocer cuánto los había afectado la pérdida del servicio, qué lugares necesitaban volver a conectar y por dónde consideraban necesario que circularan los nuevos recorridos.
Así, mientras las respuestas oficiales buscaron reorganizar el sistema después de la caída de la 707 y las demás líneas, en el oeste de San Isidro los vecinos y las organizaciones continuaron trabajando para que esa reorganización contemplara las necesidades concretas de cada barrio.
Una tarea que, para Amarilla y las entidades que impulsaron el reclamo, todavía tiene un objetivo central: que ninguna familia del oeste vuelva a quedar aislada.





























