La otra cara del nuevo paseo costero de San Isidro: cuestionamientos ambientales a las obras de Ramón Lanús

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Mientras el Municipio presenta como un avance la recuperación de 907 metros de costa entre el Parque del Águila y Puerto Libre, las intervenciones se desarrollan sobre un sector que viene siendo escenario de fuertes discusiones ambientales y urbanísticas. Vecinos y organizaciones ya habían reclamado mayores garantías para preservar la barranca, la biodiversidad y el carácter público de la ribera.

El Municipio de San Isidro volvió a promocionar esta semana los avances del nuevo paseo costero que impulsa la gestión de Ramón Lanús, una intervención que busca conectar el Parque del Águila con Alvear y el Río y generar el tramo peatonal ininterrumpido más extenso de la costa del distrito.

Según informó oficialmente la Municipalidad, el proyecto contempla la recuperación de 907 metros lineales de costa desde el Parque del Águila hasta Puerto Libre y la incorporación al espacio público de aproximadamente 2.350 metros cuadrados que se encontraban ocupados.

La propuesta incluye senderos peatonales y aeróbicos, parquización, luminarias, bancos y otras mejoras. En las últimas semanas también se avanzó con adoquines intertrabados, bordes de contención, movimiento de suelo y el retiro de un galpón y un deck que se encontraban en el lugar.

Hasta allí, la versión oficial muestra una obra destinada a abrir la costa y recuperar espacio para los vecinos.

Sin embargo, la intervención se produce sobre uno de los sectores ambiental y urbanísticamente más sensibles de San Isidro, y tiene detrás una historia reciente de controversias que obliga a mirar el proyecto más allá de la presentación oficial.

Una costa que ya fue escenario de fuertes disputas

El área del Parque del Águila y Alvear y el Río no es un espacio cualquiera dentro del distrito.

En septiembre de 2025, La Nación describía al Paseo del Águila como el centro de una disputa política y ambiental. Para entonces, el Concejo Deliberante había declarado al sector Paisaje Protegido, estableciendo como objetivos preservar su flora y fauna nativa, protegerlo frente a la contaminación lumínica, promover un ecoturismo responsable y restringir actividades comerciales o de gran concurrencia.

El dato adquiere relevancia frente a las obras actuales: aquello que la gestión Lanús presenta como una recuperación del espacio público se está ejecutando precisamente sobre un territorio cuya preservación ambiental provocó reclamos y discusiones durante los últimos años.

La controversia excedió incluso al Parque del Águila.

La discusión por el futuro de la costa terminó formando parte del debate mucho más amplio sobre la reforma del Código de Ordenamiento Urbano impulsada por el intendente.

Vecinos movilizados contra los cambios urbanísticos

En mayo de este año, la administración de Ramón Lanús consiguió finalmente aprobar la modificación del Código de Ordenamiento Urbano de San Isidro.

La votación estuvo lejos de ser pacífica.

Antes de la sesión, vecinos vinculados a seis asociaciones que habían firmado documentos contra las modificaciones impulsadas por el Municipio se manifestaron frente al Concejo Deliberante con carteles, máscaras y megáfonos.

La reforma terminó aprobándose por 14 votos contra 10. El oficialismo sostuvo que la nueva normativa permitiría, entre otras cosas, prohibir viviendas en la costa y proteger la barranca y el patrimonio histórico. Desde la oposición, en cambio, se cuestionaron distintos aspectos de los cambios urbanísticos y sus posibles consecuencias sobre la infraestructura y la identidad del distrito.

Es decir que la discusión ambiental que rodea actualmente a la costa no nació con el paseo que ahora promociona el Municipio.

Forma parte de una controversia bastante más profunda acerca de qué modelo urbano pretende desarrollar San Isidro y qué grado de intervención debe permitirse sobre algunos de sus espacios naturales más sensibles.

Un sector reconocido por su valor ambiental

El propio Municipio reconoce oficialmente la importancia ambiental de la ribera sanisidrense.

San Isidro cuenta con un Sistema Municipal de Áreas Naturales Protegidas que incluye cinco áreas y destaca particularmente el valor de los ambientes costeros y de barranca.

La Municipalidad define, por ejemplo, al Parque Natural Municipal Ribera Norte como uno de los últimos relictos naturales de la costa rioplatense y señala que allí existen más de 350 especies vegetales y más de 200 especies de aves.

El Parque del Águila, por su parte, también posee reconocimiento municipal como conjunto de valor patrimonial y ambiental. Su origen se remonta a comienzos del siglo XX y su particular configuración está directamente relacionada con la barranca natural de San Isidro.

Estos antecedentes explican por qué cada modificación importante sobre el frente costero despierta una sensibilidad particular entre organizaciones y vecinos.

La gestión Lanús promete preservar la costa

Desde el gobierno municipal aseguran que precisamente el objetivo de las intervenciones es el contrario al que temen sus críticos.

La administración Lanús sostiene que busca recuperar sectores actualmente ocupados, garantizar el acceso público y preservar la costa, incorporando espacios verdes y generando una circulación continua junto al Río de la Plata.

El proyecto no consiste solamente en parquizar.

Para liberar el recorrido fue necesario alcanzar acuerdos con privados y retirar estructuras existentes. En agosto, el Municipio explicó que el objetivo era conseguir que peatones y ciclistas pudieran circular junto al río sin tener que abandonar la costa y desviarse hacia la calle.

La recuperación del acceso público constituye, en ese sentido, uno de los aspectos favorables del proyecto y un reclamo histórico vinculado con la ribera de San Isidro.

Pero la discusión que permanece abierta es otra: cómo compatibilizar esa apertura con la conservación de un ecosistema costero y una barranca cuyo valor ambiental y patrimonial reconoce el propio Estado municipal.

Entre la recuperación y la intervención

La diferencia no es menor.

Abrir sectores anteriormente ocupados al uso público puede representar una mejora para los vecinos. Pero las tareas anunciadas también comprenden movimientos de suelo, ejecución de solados de adoquines, bordes de contención, una barrera de contención para la playa, mobiliario, iluminación y modificaciones sobre sectores existentes.

Precisamente por tratarse de una zona ambientalmente sensible, la discusión no debería reducirse a estar a favor o en contra de recuperar la costa.

El interrogante pasa por determinar qué tipo de intervención resulta compatible con la preservación del paisaje y del ecosistema ribereño, y cuáles son los criterios ambientales utilizados para ejecutar esas modificaciones.

Hasta el momento, la información difundida esta semana por el Municipio detalla ampliamente las características urbanísticas del proyecto, pero no incluye en esa comunicación un estudio de impacto ambiental ni desarrolla cuáles fueron los análisis técnicos específicos utilizados para determinar el efecto de estas obras sobre el ambiente costero. Esto no significa que esos estudios no existan, sino que no aparecen en la información pública utilizada para anunciar los avances.

Una obra positiva que también merece controles

La discusión, entonces, admite matices.

Recuperar terrenos ocupados, ampliar el acceso público al río y conectar casi un kilómetro de costa representa objetivamente un beneficio potencial para San Isidro.

Pero eso no elimina los antecedentes de cuestionamientos vecinales y ambientales que existen alrededor del desarrollo de la costa, ni vuelve innecesario controlar cómo se realizan las intervenciones.

La propia historia reciente del Parque del Águila demuestra que el tema genera preocupación. Primero fueron los proyectos inmobiliarios y los cambios al Código de Ordenamiento Urbano. Ahora llega una intervención municipal de considerable magnitud.

La gestión de Ramón Lanús busca mostrar el nuevo paseo como uno de los avances de su plan para recuperar la ribera.

La otra cara será comprobar que la recuperación del espacio público no termine avanzando a costa de aquello que se pretende preservar: el carácter natural, ambiental y paisajístico de una de las zonas más valiosas de San Isidro.