Del "Estamos ganando" al "Pingüino Dictador"

 

Una nota de análisis sobre la manipulación de los medios hegemónicos que tergiversan la realidad hasta llegar a mentir descaradamente para defender sus intereses políticos y económicos. Los argentinos despertamos de  un nuevo engaño y van…

Recuerdo cuando el año, o los meses, que estuvimos en guerra. Tenía 8 años y la dictadura embarcó a todo un pueblo a una inesperada cruzada nacional: recuperar las Islas Malvinas por via militar de las garras de Inglaterra. Todo el pueblo se conmovió y se alineó con suma euforia nacional a ese disparatado objetivo. Los pibes de 18 años –carentes de preparación militar- se embarcaban convencidos hacia el sur alentados por una población -que privilegiando los sentimientos sobre la racionalidad- sentía que protagonizaba una nueva página gloriosa de nuestra historia. A la altura de San Martín cruzando en mula la cordillera de Los Andes, o las mujeres de la época de la  Revolución de Mayo que bañaban en aceite hirviendo a las tropas inglesas invasoras. A ese clima patriota y triunfalista que se respiraba en nuestro país los medios de comunicación cumplieron un rol clave para fogonearlo.

 “Estamos ganando!”, titulaba la Revista Gente para crear una realidad virtual que mantuviera el entusiasmo y el apoyo a una Junta militar cada vez más desgastada en su relación con el pueblo. La misma revista que -junto al Diario Clarín y La Nación-  sirvieron de usina publicitaria a la dictadura militar para ocultar los crímenes de Estado más horrendos que padeció nuestro país. Su labor consistió en negar los secuestros, las torturas y los campos de concentración; y atacar impunemente a los incipientes organismos de Derechos Humanos que denunciaban la masacre. “Los argentinos somos derechos y humanos”, era la vil consigna que promovían para ridiculizar a las “locas de la plaza de mayo”.

El transcurso natural del tiempo ubicó en su lugar de la historia a la dictadura militar y a los comandantes que decidieron  sacrificar a una generación de jóvenes adolescentes en una guerra para la cual el ejército no estaba preparado ni  moral ni militarmente. El enorme dolor por esta tragedia paralizó a un pueblo que ingenuamente había sido engañado y estafado en sus más profundos sentimientos. Al mismo tiempo que la debacle militar se acrecentaba, los medios que fueron socios en la tragedia cambiaron abruptamente de discurso. Repentinamente, descubrieron que la junta militar estaba compuesta por asesinos sanguinarios, la “gesta” de Malvinas se convirtió   en una locura mesiánica para perpetuar en el poder a una dictadura genocida, las “locas de la plaza de mayo” eran heroínas, y no era bueno que “las urnas estén bien guardadas” porque la democracia era el mejor sistema para reordenar la vida de los argentinos.

Pero volvamos a esos días de euforia patriótica de abril de 1982. Como lo dije al principio, tenía 8 años y mantengo en mi memoria un mediodía que mi mamá me pasó a buscar por el Colegio Almafuerte de Munro. Cuando regresábamos, nos detuvimos en el almacén de la vuelta de casa a comprar comida para almorzar. El clima en el interior del comercio estaba a tono con la euforia que se vivía en todo el país. El triunfalismo bélico era absoluto y coincidía con los mensajes que en ese sentidos  se transmitían por todos los medios de comunicación. Mi mamá estaba en contra de la guerra, me lo había transmitido desde el primer día. No por falta de amor a la patria sino por un cálculo racional de que una potencia imperial no se iba a dejar mojar la oreja así nomas por un país del tercer mundo. Su alianza histórica con los Estados Unidos ponía el escenario aún más complicado. Quizás porque mi mamá tiene sangre italiana, tal vez porque el día anterior nos enteramos que mi primo  había sido embarcado hacía las Islas como tantos pibes que estaban haciendo el servicio militar. Lo cierto es que de repente mi mamá se “sacó”, como dicen los chicos. Empezó a insultar a todos: desde Galtieri hasta a la señora que compraba 200 gramos de jamón cocido y explicaba -como una experta militar- porque los ingleses no tenían chances de desembarcar en las Islas. La respuesta de la clientela y de la dueña del almacén también fue contundente. Y nos tuvimos que retirar del comercio como Lavolpe de la Bombonera cuando Boca perdió la posibilidad de ser Tricampeón, tras perder con Lanús en su cancha.

Pasaron varias semanas hasta que pudimos volver a pisar el almacén de Julia. Pero desgraciadamente, la historia terminó reivindicando las palabras bastante virulentas de mi mamá. Los vecinos cabizbajos terminaron pidiéndole perdón y la convivencia en el barrio se terminó normalizando. Por suerte, mi primo volvió sano y salvo de las islas y nos pudo contar en un asado familiar las barbaridades que vivió bajo el mando de los militares argentinos.

Los sucesos tan impactantes de los últimos días me hizo recordar con persistencia aquella pequeña anécdota de mi infancia. La partida física de Néstor Kirchner me revivió situaciones similares a las de aquella época. Los mismos medios de comunicación se encargaron de mentir, manipular y difamar impunemente al político y a la persona. El bombardeo mediático constante acusándolo de loco, autoritario, dictador, paranoico, crispado y corrupto penetró en la mente y la conciencias de grandes porciones de la población. Tener afecto por el ex presidente era similar a simpatizar por el petiso orejudo, un mítico violador de décadas atrás. La revista Noticias lo comparó en su tapa con Hitler, la diputada Carrió le pronóstico una linchamiento popular similar al que padeció el matrimonio Ceucescu en Rumania. Hasta la periodista Silvina Walger promocionó un libro donde relataba como Néstor golpeaba a Cristina. Claramente estábamos en presencia de un monstruo, según la corporación mediática que fue tan amable con los militares que secuestraron, torturaron y desaparecieron a 30 mil personas.

Pero la repentina muerte de Néstor Kirchner hizo desvanecer en un instante toda esa construcción mediática tan canalla. El profundo dolor que demostró la imponente multitud que lo fue a despedir a Plaza de Mayo, Aeroparque y Rio Gallegos;  aniquiló en un instante todas las difamaciones que emitieron los diarios, canales y radios de los medios hegemónicos.

Volviendo a mi barrio, donde Kirchner sacó algo más del 20 por ciento en las elecciones del año pasado. Muchos vecinos se empezaron a preguntar como una persona que supuestamente era tan “mala”, despertó tanto amor y pasión en el lecho de su muerte en millones de personas. Muchos confiesan perplejos que se sintieron engañados por los mismos que los convencieron que “estábamos ganando” durante la Guerra de Malvinas y que los “argentinos éramos derechos y humanos”, mientras miles de personas padecían una cacería salvaje.

Como periodista, ciudadano y joven argentino de 34 años. Deseo profundamente que nunca más se manipule a la realidad en función de los intereses de unos pocos. Aunque la mentira tiene patas cortas, produce daños muchas veces irreparables. Dicen que el ser humano es el único ser vivo que tropieza dos veces con la misma piedra. Espero que de una vez por todas le demos una buena patada a esa piedrita para que se allane el camino en la construcción de una sociedad donde seamos verdaderamente libres para informarnos. Que nadie piense que es un tema menor, es una de las claves en la construcción de la vida en democracia, que no tengo dudas que es el sistema que la enorme mayoría de los argentinos queremos y precisamos  vivir.   

fuente: www.redaccionnorte.com.ar

Rodrigo González